(versiculos 1 al 7)
Mi Rey y mi Dios,
escucha con atención mis palabras;
toma en cuenta mis suplicas,
escucha mi llanto,
pues a ti dirijo mi oración.
Tan pronto como amanece
te presento mis ruegos,
y quedo esperando tu respuesta
A ti, Dios mio,
no te agrada la maldad.
Por eso los malvados
no pueden vivir contigo;
no soportas a los orgullosos
ni ama a los malhechores.
¡Tu destruyes a los mentirosos,
y rechazas a los tramposos y asesinos!
Pero a mi me quieres tanto que me dejas entrar en tu templo,
y alli me dejas hacer mis oraciones.